Proporcionando el entorno adecuado para que los estudiantes comiencen un ambiente colaborativo

Proporcionando el entorno adecuado para que los estudiantes comiencen un ambiente colaborativo

Hace poco asistimos a un taller para padres en donde se explicaba, entre otras cosas, cómo les viene el futuro a nuestros niños en cuanto al empleo o formas de conseguir una carrera.

Entre los puntos que se mencionaron me llamó la atención que los niños y jóvenes deben ir construyendo ciertas habilidades que es lo que se busca en el entorno de trabajo y entre estas habilidades es la del trabajo en equipo.

El ponente fue muy claro al mencionar que cualquiera que sea la economía del futuro, los niños necesitarán aprender a colaborar.

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Los desafíos que se avecinan son mayores de lo que cualquier persona en particular puede enfrentar de forma individual.

Y esto lo vemos con mucha claridad en un aula de clases, la diversidad de talentos individuales es tanta como alumnos hay y al juntarlas para realizar un proyecto, los resultados son relevantes.

Es por ello que ahora se está apostando al trabajo colaborativo y para ello los niños y jóvenes necesitan más espacio, más movimiento dentro de su entorno.

La estática de estar sentado en un pupitre puede funcionar para ciertas tareas, pero a la hora de un trabajo colaborativo, el área debe cambiar.

El contar con mesabancos y sillas que se puedan mover y adaptar a las necesidades de movimiento, ayuda sustancialmente.

Por otro lado, es interesante saber que el pensar también en un rediseño del mobiliario ayuda a repensar cómo los estudiantes aprenden mejor.

Con muebles escolares prácticos, espacios abiertos y las actualizaciones tecnológicas como tableros interactivos para cada aula y una expansión muy necesaria de Wi-Fi de alta velocidad, son las tendencias dentro de un aula de clases.

De hecho, se ha observado que realmente se tiene que entender cómo aprende la gente, para que el tiempo en el aula sea productivo en lugar de simplemente hacer que el tiempo pase.

Si el ambiente de aprendizaje es estático, resultará en la desconexión de los jóvenes.

Es curioso pero, cuando se baja uno al nivel del niño y se analizan sus casos vemos que para algunos, al estar en constante movimiento les ayuda a la concentración, así que el contar con espacios para ellos pueden reducir las constantes salidas al baño por ejemplo.

En este caso, los taburetes oscilantes permiten que los alumnos se balanceen y giren para resolver problemas matemáticos.

Mi hijo menor se encuentra en este grupo de niños inquietos… observo que cuando está afirmando o explicando lo que ha aprendido necesita estar en movimiento, de estar sentado se para o bien, puede estar en una silla y se para a trabajar de pie en la mesa.

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Cuando un trabajo requiere su concentración total, se mantiene quieto en su pupitre, por lo que estar oscilando de quieto al movimiento es importante para mi hijo.

Sin embargo, ese tipo de distracciones es lo que vuelve locos a algunos profesores a quienes les gusta ver a su clase en orden, callada y sentada en su lugar.

Es por ello que para ciertos profesores, esta transición no es fácil al principio.

Si se empieza a contar con un espacio donde se trabaje y respete el movimiento, el profesor vería a un estudiante moverse por el rabillo del ojo, y tendría que decir: Está bien… está bien y tendrá que calmarse.

En fin, la cuestión es que si queremos fomentar en los niños la habilidad colaborativa, el primer paso es realizar cambios, comenzando con el proporcionarles el entorno adecuado para que se explayen junto con la inclusión activa del profesor para aceptar y fomentar este cambio para el bien mayor del grupo.