Reconociendo mis propios sentidos

Reconociendo mis propios sentidos

Era temprano, las luces del nuevo día apenas empezaban a apoderarse de mi cuarto, había sido una noche incómoda, los sueños no me daban tregua ante el estrés del día, el descanso era un concepto con el que hacía meses yo había dejado de estar familiarizada.

Tratando de despertar por completo, sentí una vibración debajo de mi almohada, mi celular, el eterno compañero, el amigo fiel de los nuevos tiempos hacía su entrada triunfal en mi mañana de una manera bastante golpeada.

Contesté era mi mamá, cosa poco común en estos tiempos en los que toda la comunicación es binaria.

“Murió la tía Lupe”

De pronto cientos de recuerdos de mi infancia vinieron a la mente; el olor de los desayunos que nos preparaba en las mañanas cuando íbamos a visitarla mientras el clarín nos daba los buenos días con su hermoso canto, los llamados a la cocina, esa cocina enorme, propia de una casona antigua en un pueblo mexicano, en donde aprendí la sazón que ninguna página de recetas nos pude dar hoy en día.

“Vamos a ir a su funeral al rato, te vemos allá”

Llamada al trabajo, no voy a presentarme, situación personal.

Salto fuera de la cama, el frío me recuerda que no estoy soñando.

No me costó trabajo encontrar ropa negra, adecuada para un funeral; buena parte de mi clóset es negra.

Me visto, busco en mi celular “corridas de camión Acámbaro Guanajuato”

Resultados, salidas, precios.

Salgo de casa, me dirijo a la central. Sola.

La gente suele ser amable cuando ven a una persona sola.

Subir al camión, me esperan 4 horas de viaje, películas malas en las pantallas, demasiado movimiento para leer.

La ventanilla del camión me regala paisajes incomparables con cualquier película o fotografía, me dediqué unas horas a pensar qué es eso tan intimidante que tiene la muerte que al segundo en que se aparece en nuestro horizonte, nos descoloca y nos hace pensar en todo lo que hemos hecho, dicho, qué tanto hemos disfrutado las cosas que nos han pasado, y sobre todo, qué tanto hemos sido capaces de reconocer cuando un momento sencillo de la vida es algo hermoso que siempre se va a quedar en nuestra mente.

Cada vez me acerco más y conforme voy avanzando voy reconociendo los viejos sitios en los que se forjó el camino de mi infancia, los pueblos aledaños a los que íbamos a probar los antojitos, el pan de Acámbaro…

Finalmente recordé que lo verdaderamente importante es tener la conciencia de quién somos, disfrutar los tiempos sin importar que sean buenos, malos, pesados.. un día solo nos despertamos para ya no estar.